domingo, 29 de agosto de 2010

Capítulo X

- Dana, Dana despierta tengo una sorpresa para ti.

Hasta ahora no he descrito como es Dana y creo que es justo que tengáis una pequeña idea de cómo es físicamente nuestra protagonista.:

Dana es menuda, con una altura de 175 cm, morena de pelo y piel blanca y aterciopelada. Sus ojos son de un azul violáceo adornado por negras y espesas pestañas, pechos pequeños, nariz algo aguileña, labios carnosos que esconden una dentadura poco atractiva, dientes con apiñamiento y color parduzco producto de la tetraciclina que le administraron en su infancia.

Dana es la típica mujer que pasa desapercibida, pues salvo sus ojos no hay nada más que destacar de su figura.

Así es nuestra protagonista.

Dana se despertó como si hubiera dormido por un mes y así era, había estado en un coma inducido durante 45 días.

Miss Susan: Querida ¿Como te encuentras?

- Cansada, muy cansada y tengo la boca seca.

- No te preocupes eso pronto se pasará, ahora estás un poco floja, pero dentro de unos días estarás en plena forma.

- ¿Dónde estoy? ¿Que ha pasado
?- Preguntó Dana.

- Recuerdas el día en que describiste como te gustaría ser en realidad.

Dana asintió con la cabeza, pues su garganta estaba tan seca que no podía apenas hablar y cuando lo hacía era como si tuviera agujas en ella.

- Perfecto, pues se ha hecho realidad.

Dana miró a Miss Susan arrugando el entrecejo en señal de incredulidad.

- Hoy es un gran día, hoy se ha cumplido tu sueño y dentro de unos días volverás a la sala de los espejos.

Dana negó con la cabeza.

Miss Susan rió y poniendole la mano en la frente le susurro al oído: te prometo que lo estarás deseando.

Dana volvió a negar violentamente con la cabeza

- Tranquila amiga, solo estarás el tiempo que tu desees, la puerta estará abierta.

Una lágrima corrió por la mejilla de Dana.

Miss Susan secó su rostro con un fino pañuelo de seda.

- Confía en mí, te prometo que esta vez será algo bueno.

Al día siguiente Dana fue llevada a la sala de rehabilitación pues había perdido masa muscular después de estar tantos días postrada en una cama. Llevaba un amplío camisón y su cuerpo desde debajo de las axilas estaba envuelto con fuertes vendas elásticas.

Durante 15 días le sometieron a controles y a una fuerte rehabilitación.

Dana se notaba extraña, al pasar la lengua por sus dientes notaba que ahora eran diferentes, pero no podía tocárselos pues sus manos estaban vendadas y no disponía de un espejo en todo aquel recinto.

El día 16 fue trasladada a la mansión en ambulancia y una serie de hombres trajeados la acompañaron.

Dana había preguntado una y un millón de veces que había pasado pero nadie le contestaba, solo una frase: "Todo a su tiempo señorita Llorach".

Una vez en la mansión la entraron en la sala de los espejos, no sin antes taparle los ojos con un apretado antifaz.

Dana sintió el frío de los espejos en sus pies y se estremeció no de frío sino de miedo. Estaba aterrada, odiaba aquella sala. Notó como le quitaban el camisón y como sacaban de su cuerpo aquel vendaje que durantes días le había oprimido su delgado cuerpo. Le quitaron las vendas de las manos, y notó como recogían su pelo en un moño. Alguno de los hombres que la habían acompañado hasta allí le susurró al oído: Cuenta hasta diez despacio y después sácate el antifaz.
Dana así lo hizo.

8, 9 y diez.

Dana vio una figura borrosa, sus ojos estaban deslumbrados por tanta luz, pero poco a poco se fue haciendo más nítida la imagen.

- ¡¡Dios mío!!

Dana solo alcanzó a decir estas palabras.

Delante de ella había una mujer sorprendentemente bella, sus formas eran perfectas, sus pechos dos tallas más grandes y firmes, sus nalgas, su nariz aguileña había desaparecido sus dientes blancos y totalmente alineados.

Dana extendió las palmas de sus manos para acercarse y poder tocar a esa mujer, cuando llego a ella vio que era su propio reflejo.

Después de 5 horas Dana salió de la habitación que en un principio había sido la de los horrores y que ahora se había tornado la de los sueños cumplidos.

-¿Qué ha pasado, donde estoy yo y quien es esa mujer?

Miss Susan: Es tu sueño, ¿recuerdas?, así te describiste y así eres ahora.

Miss Susan explicó a su pupila que durante 45 días había estado en una clínica de cirugía plástica y que los mejores y renombrados cirujanos habían rehecho su cuerpo tal como ella quería.

-¿Te gustas ahora? - Preguntó Miss Susan con un reflejo de luz en la cara.

-Dios santo, si. No tengo palabras, ahora me veo una mujer bonita, perfecta, sexy segura de mi misma.

- Antes también lo eras, pero no lo sabías. Tú habías idealizado un tipo de mujer bella y ahora esa mujer eres tú. Pero no hemos terminado, ahora tenemos que seguir fortaleciendo esos músculos. Además nuestro grupo de estilistas deben terminar el trabajo que han iniciado los doctores. Antes te enseñaron a arreglarte, pero no tocaron de ti ni un pelo, ni una uña. Ahora ellos terminarán el trabajo.

-¿Más animada? - Preguntó Miss Susan.

- - Contestó Dana con una amplia y maravillosa sonrisa- ¿Cuándo empezamos?

-Mañana querida, mañana.

domingo, 22 de agosto de 2010

Capítulo IX

Los días siguientes fueron más amenos, clases de peluquería, maquillaje, alta costura, comportamiento en la mesa, idiomas, costumbres de diferentes países y religiones…

Dana estaba feliz viendo a toda clase de gente de diferentes lugares mostrándole todo aquello que a ella nadie le había enseñado.

Reía con los peluqueros amanerados que discutían entre ellos para lograr el Lok perfecto para ella, (el pelo corto, el pelo largo, la melena recogida o mejor suelta, mantener el color, variarlo) a Dana le dolía el cuero cabelludo de tanto tirón y la cabeza de tanta algarabía.

Los mejores de la moda venidos desde el mismo París debían enseñarle como combinar prendas según la ocasión, tonalidades, complementos, joyas……

Había unas reglas básicas que tubo que aprender de memoria.Le enseñaron a caminar, a mirar, a comer, a sentarse, a beber, a saludar, a mantener una conversación apropiada dependiendo de quien tuviera delante.

Dana pensó después de todo aquel despliegue de profesionales que siempre había sido una palurda.

Le dieron clases de yoga y relajación incluso artes marciales.

Dana se dió cuenta de que para ser una verdadera mujer, una mujer de negocios, un crac entre los más grandes, se debía sufrir mucho y sumisamente aceptó toda aquella tortura, Pensó que antes ella se quejaba de la depilación a la cera, Dios aquello era nada comparado con lo que estaba pasando.

Después de dos meses y estando en su habitación esperando le subieran la cena, Miss Susan apareció con una bandeja con un plato de carne con verduras de acompañamiento y una pequeña jarra de vino tinto.

A Dana le extrañó su presencia pues nunca antes había hecho ella el trabajo de la sirvienta.

- Hola Dana, te traigo la cena. Mañana es un día muy importante para ti, y quería tener una pequeña conversación contigo mientras cenas. Veras, estos meses han sido realmente especiales para ti, momentos duros y otros divertidos y estoy muy contenta con los resultados. Tus profesores están convencidos de que ya estás preparada para salir al mundo,
pero todavía falta una parte que a la vez que dura será gratificante para ti.


Dana interrumpió: ¿Dura? ¿Más dura que el día de los espejos?

- Digamos que diferente.

- Creo que ahora estoy más preparada que el primer día.

- Sí lo sé pero esto no es igual.

- ¿De qué se trata?

- No te lo puedo decir, lo verás por ti misma. Pero quiero que sepas que esta vez yo estaré a tu lado siempre.

- Me está asustando Miss Susan.

- No, esto es lo último que quiero.

Miss Susan clavó los ojos en Dana, pero esta vez su mirada era dulce, como la madre que mira a su hija antes de darle el beso de buenas noches.

- Cena tranquila y aprovecha éste vino que te he traído es de lo mejorcito de la casa.

- ¿Pero?...

- No más preguntas por esta noche -interrumpió Miss Sussan antes de que Dana siguiera.

Miss Susan salió de la habitación y Dana se quedó mirando la puerta durante unos instantes como esperando que se volviera abrir y le explicara que iba a pasar mañana. Pero la puerta siguió cerrada y Dana inició su cena sin dejar de pensar que nuevas le traería el día siguiente.

-Realmente es muy bueno este vino, comentó en voz alta cuando acabó con él.

Dana se desnudó y se metió el la cama, seguía pensando en las palabras de Miss Susan, intentando averiguar que quería decir, pero no encontró indicio alguno que le diera la más minima pista.

Miró al techo como intentando despejar su mente, dejarla el blanco como la pintura del mismo.

El sueño la invadió sus parpados pesaban demasiado para mantenerlos abiertos pero aún seguía despierta.

Tras su puerta oyó la voz de Miss Susan:

- ¿Está todo preparado?

- Si Miss Susan cuando usted lo ordene, iniciaremos el traslado.

Dana escuchó aquello y quiso levantarse, pero no pudo, intentó desesperadamente abrir los ojos, pero no pudo, intentó que su garganta emitiera una palabra en señal de auxilio, pero no pudo.
Y Dana se durmió.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Capítulo VIII

Después de 12 horas, uno de los espejos se movió y de detrás apareció Miss Susan.

-¿Dana? -preguntó

Dana estaba dormida en posición fetal, en el centro de la habitación

- Despierte señorita su primera clase ya terminó. Ahora debe cenar.

Dana, abrió sus hinchados ojos y negó con la cabeza.

- No importa lo que usted quiera, es lo que debe hacer - dijo Miss Susan mientras le tiraba un albornoz encima -. Cúbrase, y preséntese en el comedor, tiene cinco minutos.

Antes que se dirá cuenta Miss Susan, Dana se había puesto de pie, se abalanzó sobre ella como una gata salvaje, pero Miss Susan la aplacó.

- Tranquila, esto solo es el principio, la demostración de que estás llena de complejos.

- Yo no tengo complejos, maldita zorra - gritó Dana.

- Por supuesto que sí, tu complejo más grande eres tú misma.

6 de la mañana

Dana abrió los ojos, debía levantarse, pero no tenía fuerzas.

Su motivación se había evaporado en solo un día, quería marcharse de allí, ahora su estado de ánimo había pasado a la depresión y a la vergüenza.

Tomó el nórdico y se tapó la cabeza como las tortugas hacen como defensa ante cualquier peligro.
Dos golpes en la puerta, hicieron que Dana agarrara con más fuerza las sabanas como si ellas le hicieran inmune o invisible a su maestra.

- ¿Srta. Dana?

No hubo contestación

- Dana, abra la puerta, es la hora de su segunda clase.

Pero la puerta siguió cerrada y dentro de la estancia ni un sonido.

Miss Susan tomó un manojo de llaves y buscó la que correspondía a esa habitación. Abrió la puerta, cruzó ésta y descorrió las tupidas cortinas.

-¿Le parece correcto? -Y de un tirón arrancó de las manos de Dana el nórdico que la cubría.

En la cama yacía el cuerpo de Dana, tembloroso y bañado en sudor, las lágrimas corrían por sus mejillas y sus ojos fuertemente cerrados.

-Levantase, no crea que con sus lloros de mojigata le voy a dar el día de fiesta, hay un programa que cumplir y se cumplirá cueste lo que cueste.

Dana no se movió.

Miss Susan tornó su tono de voz algo más dulce y comprensiva.

-Escúcheme bien, tiene que levantarse ahora, es preciso que no se derrumbe, la de ayer fue la prueba más difícil, pero ahora todo irá mejor, se lo prometo.

Miss Susan agarró como puedo a Dana y la metió en la ducha con ella, abrió el grifo.

Cuando Dana notó el agua tibia correr por su cuerpo, abrió los ojos y vio la cara de instructora tan mojada como la suya, ésta sonrió y se fundió en un abrazo con ella.

- ¿Se está riendo usted de mí?

Dana negó con la cabeza pero su sonrisa lo desmentía.

-¿Le parece divertida esta situación?

- Pues debe saber que por su culpa hoy me habré duchado dos veces.

Dana rió y se abrazó más fuertemente si cabía a ella.

15 minutos más tarde

-Bueno, Dana – comenzó a decir Susan con la misma seriedad que el día anterior-. Hoy hemos iniciado el día de una manera singular, espero que olvidaremos las dos el incidente matutino.
Nuestra próxima clase será más tranquila. Quiero que escriba en esta libreta, lo que ayer sintió, lo que no le gustó de su cuerpo, pero no quiero una descripción trivial, quiero que sea intensa y detallada, piense que usted tuviera el poder de cambiar algunos aspectos de su imagen, piense que usted tiene magia y con una palabra pudiera retocar aquello que no le gusta de sí misma.
Hágalo despacio y a conciencia, tiene ocho horas para completar su trabajo.

Dana arrugó la frente en señal de queja, por el periodo tan largo para lo que ella pensaba que con 5 minutos había suficiente.

Miss Susan: No, No quiero lamentaciones. Si necesita café, té o tienen hambre toque la campanita y la sirvienta le traerá lo que necesite.

Susan se levantó de la mesa y se dirigió a la puerta.

- Recuerde que sigue sin poder hablar así que si necesita algo se lo escribe en una hoja, pero de hablar nada de nada.

Y salió de la habitación.

Dana escribió meticulosamente lo que no le gustaba de ella, cerró los ojos y trató de modelarse cual escultor hace con un trozo de roca bruta.

Detalle por detalle fue esculpiendo un nuevo rostro, un nuevo cuerpo, incluso añadió un nuevo carácter.

Sonaron las ocho en el reloj de pared y justo en la última campanada la sirvienta apareció por la puerta.

- Miss Susan le ruega que la disculpe, tiene un asunto urgente que requiere su atención., le ruega se dirija a sus aposentos allí le será servida la cena y deje su libreta encima de la mesa, ella la recogerá más tarde.

Dana se levantó de la silla, tenía las piernas entumecidas, se desperezó y salió.

Cuando llegó a su habitación, la cena ya estaba servida, roast beef con puré y verduras y una copa de vino tinto. Bueno era todo un manjar en comparación a las comidas recibidas desde que llegó.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Capítulo VII

La mañana prometía, el cielo estaba raso, de un azul intenso, la flora se había puesto sus mejores galas, todo era tan bello…… como en una postal.

Dos golpes secos en la puerta, hicieron que Dana saliera de su trance y volviera a la realidad, se giró nerviosa

-¿Ya está lista?

-Sí, Miss Susan

-Le ruego que en 5 minutos esté en el comedor, gracias.

Antes de que pudiera contestar, escuchó como ésta se alejaba de la puerta con paso firme.

- Dios mío, parece que haya vuelto al instituto - protestó Dana en voz alta.

Se miró al espejo por última vez para comprobar su estado y tomando una gran bocanada de aire, salió resolutiva de la habitación.

Mientras bajaba por las estrechas escaleras, agudizó el oído, intentando escuchar algún murmullo que le mostrara que aquel viejo torreón albergaba a más gente, pero fue inútil, el silencio reinaba y solo sus pasos hacían eco entre aquellas paredes.

Dana pensó: Deben de estar todas en el comedor, como siempre llego tarde.

Al llegar a la primera planta la Miss Susan la esperaba delante de una gran puerta, Dana sabía que era el comedor, no solo porque lo indicaba una pequeño letrero encima de ésta, sino porque ya le había sido mostrado el día anterior.

Dana entró entusiasmada, pero duró una décima de segundo: la estancia estaba vacía.

Dana extrañada le preguntó a Miss Susan:

Pero… ¿Dónde están las demás, mis compañeras?

Miss Susan esbozó algo parecido a una sonrisa.

-Solo estamos usted y yo. No hay más alumnas en este curso.

Dana abrió los ojos desmesuradamente y con voz sarcástica, comentó: Esto va a ser de lo más aburrido, se acabaron la guerra de almohadas, y las noches de pijama.

Miss Susan volvió a endurecer sus facciones.

-No lo creo , no creo que tenga tiempo para aburrirse, como mucho para desesperarse, pero uno de mis trabajos será controlar todos sus sentimientos y este es uno de ellos, el primero, y le aseguro que será el más fácil de llevar.

Siéntese por favor, le será dispuesto el desayuno en unos minutos.

Dana obedeció.

Miss Susan se sentó a su lado e hizo sonar una campanita. Ésta no era plateada ni dorada, era simplemente de cerámica vieja y roída por el tiempo.

Al momento apareció una mujer mayor, descuidadamente vestida y peinada que les sirvió el alimento.

Miss Susan: Termínese todo lo que le han dispensado en el plato, hasta la noche no volverá a probar absolutamente nada más.

Tiene que acostumbrarse a que la comida no es importante y que muchas de ellas a lo largo de su vida las tendrá que eliminar o posponer por muchas horas.

Esto es un suplicio - replicó Dana.

Miss Susan: Nadie le ha dicho que el camino que ha tomado sea fácil.

Y ahora que ya ha terminado iniciaremos su instrucción.

Dana: Esto parece el servicio militar -. susurró para no ser oída.

Peor - contestó Miss Susan mientras que se dirigía a la puerta del comedor -Le advierto que yo sé todo, escucho todo, incluso sé lo que piensa y lo que siente, yo pasé por lo mismo que usted debe pasar ahora.

Dana siguió cual perrito faldero a Susan por unas escaleras que las llevarían al piso inferior, el subterráneo.

A medida que bajaban las escaleras, el olor a humedad y la frialdad del ambiente aumentaba considerablemente haciéndose cada vez más pesado.

A Dana le dio la sensación de que en aquel piso estaban ubicadas en tiempos pasados las mazmorras o algo semejante.

Dana se planteó el dejar todo ahora que estaba a tiempo, pues en uno de los párrafos que ella había firmado, dejaba bien claro que durante las primeras 24 horas y antes de ser iniciado su adiestramiento podía rescindir el contrato, una vez iniciada la primera clase ya no había marcha atrás.

Miss Susan: Desnúdate Dana.

¿Cómo dice? - Contesto atónita ésta.

Miss Susan: Mira niña, segunda lección, nunca repliques mis ordenes y tercera, desde éste preciso momento no volverás a hablar con nadie hasta nueva orden.

Dana no se atrevió a replicar de nuevo, al ver la cara de enojo de su profesora.

Sus ojos no mostraban señal de compadecimiento, en realidad estos eran inertes, fríos y desafiantes.

Dana Se quitó toda la ropa, pero la mantuvo doblada y pegada a su cuerpo intentando tapar todo aquello que debía ser ocultado, miró a Miss Susan con los ojos llorosos, se sentía ultrajada.

Miss Susan: Voy a hacerte una pregunta, quiero que me contestes negando o afirmando con la cabeza, no quiero que tu garganta emita ningún sonido.

¿Alguna vez te has mirado desnuda en el espejo?

Dana asintió.

Miss Susan: Bien, ¿Te has mirado desde todos los ángulos?.

Dana la miró pero esta vez ni negó ni afirmó, en realidad no sabía que contestar.

Lo imaginaba, no te gustas. Tu cuerpo - empezó diciendo-, te conformas con él porque no tienes elección, es el que te ha tocado y te autoconvences de que solo es un envase, algo sin importancia.

Pues de eso se trata. Amarás tu cuerpo y harás de él tu santuario. Será perfecto, admirado, deseado para los que lo vean y para aquellos que esté vetado y simplemente lo imaginen, todos quedarán prendados de tu hermosura, luego en clases posteriores desarrollaremos tu potencial, tus movimientos, tu cuerpo será el alfabeto de tu persona.

Y, ahora, entra en la habitación.

Miss Susan, literalmente le arrancó la ropa que Dana asía fuertemente pegada a su cuerpo.

Dana entró.

La sala estaba oscura, el suelo frío, de pronto todo se iluminó, ésta quedó cegada por la claridad, cuando sus ojos se acostumbraron comprobó que toda la sala eran espejos, las paredes, el techo y el suelo.

Una mampara de espejo ocultaba un pequeño lavabo y en medio de la sala una botella de plástico de agua.

Horrorizada se dio la vuelta violentamente buscando la puerta, pero no la encontró, ningún indicio todo eran paneles idénticos.

Gritó con todas sus fuerzas, implorando la sacaran de allí, pero fue inútil, sus lamentos eran ahogados por el mismo habitáculo.

Ella continuó gritando y aporreando con sus manos cada panel, cada rincón hasta que sus manos doloridas no tuvieron fuerzas y su voz simplemente se apagó.

miércoles, 28 de julio de 2010

Capítulo VI

¿Supongo que usted es Dana?

Dana se levantó de golpe de la silla.

¿Y supongo que tu eres Susan?, preguntó ésta desenfadadamente

Sí, soy Miss Susan y no tengo por costumbre que me tuteen.

Dana enrojeció

Lo siento mucho yo pensé…..

No piense por favor, ya habrá tiempo para ello, pero hoy no. Le ruego que me acompañe, le mostraré su habitación.

Por supuesto
, afirmó Dana

Miss Susan tenía el aspecto de haber sido una mujer extremadamente atractiva, aparentaba tener cuarenta y pocos, pero Dana estaba segura de que ese número lo superaba con creces. Sus cabellos dorados, descansaban justo en el hombro, sus facciones finas, sus ojos celestes pintados con gran destreza y su figura fina con movimientos cuidados, hacían que fuera la mujer que llamaría la atención en cualquier lugar.

Ambas caminaron unos minutos por varios pasillos, cruzaron varias estancias y al final de una escalera estrecha llegaron al segundo piso. Una pequeña puerta de madera fue abierta por Miss Susan, con las llaves que colgaban de su cintura prendidas con una cadena de oro cual singular abalorio.

Esta puerta que cierro tras de usted, jamás será cruzada sin permiso. Esta es la primera regla que debe comprender y cumplir. ¿Entiende usted?

Por supuesto Miss Susan.

Muy bien ahora le mostraré cuales son mis dominios y en los cuales la haré una verdadera mujer.

Miss Susan fue mostrando a Dana cada habitación,

El comedor, los servicios, varias salas de enseñanza, puertas que no abrió pues no era el momento apropiado y por fin su habitación.

Una habitación amplia, con todas las comodidades pero sin ningún tipo de tecnología.

No había teléfono, ni computadora ni siquiera una pequeña televisión o equipo de música.

Esto se lo hizo notar a su instructora la cual respondió: El dormitorio es para dormir, nada más y le rogaría me entregara su teléfono móvil, no se permiten en este curso.

Dana se lo entregó y pensó que Susan era tan estupida como guapa, pero no replicó.

Es tarde le subirán la cena a la estancia, debe dormir para mañana estar despejada, será su primer día y la necesito descansada y atenta. Buenas noches Dana.

Buenas noches Miss Susan.

Dana escuchó como tras cerrar la puerta los pasos de Miss Susan se hacían cada vez más lejanos hasta que enmudecieron.

Lo primero que hizo nuestra protagonista fue asomarse por el ventanal de su habitación.

La lluvia fina continuaba cayendo lenta y paulatinamente, pero eso no impidió que la abriera para contemplar todo el esplendor de aquel paraje.

Se asomó todo lo que pudo por ella y comprobó que su habitación estaba ubicada en uno de los torreones, en el del norte, pero de tal manera dispuesto que solo podía ver una parte recóndita del jardín poblada de espesa vegetación y con grandes cedros que ocultaban lo que ocurría bajo ellos.

No importaba, ella se había comprometido con demasiada gente a cumplir en un año lo que no había logrado en el resto de su vida.

viernes, 23 de julio de 2010

Capítulo V

Mi querida Dana, me alegro de que ya estés aquí.

Dana se dio la vuelta rápidamente

Mi querida amiga, te estábamos esperando, pero siéntate al lado del fuego niña, tienes la cara blanca cual mármol, debes estar helada.

Dana sonrió y asintió con la cabeza, tenía miedo de abrir la boca para que no se oyeran sus dientes castañear.

Se sentaron las dos mujeres y la anciana mujer hizo sonar una campanita de plata que estaba sobre la mesa, al momento la mujer de negro apareció por la puerta.

¿Llamaba la señora?

Si Jenny, ¿puedes traernos una taza de té acompañada de pastas de hojaldre?

Si, señora.

Bueno Dana, y dime ¿qué te parece mi casa?

Impresionante, no podía imaginar algo así.

Si es mi gran tesoro, aunque este tiempo no le hace justicia, deberías verla en verano, bueno, que digo claro que la verás –sonrió-, o por lo menos es lo que espero. Querida niña supongo que tendrás muchas preguntas que hacerme, pero todo a su tiempo, un paso después del otro. La verdad es que no me extrañó que me llamaras. Cuando te vi por primera vez en el aeropuerto, supe que necesitabas mi ayuda. Y no me equivocaba.

La puerta de la estancia se abrió.

Gracias Jenny puedes dejar la bandeja, yo misma lo serviré. Dana ¿lo tomarás con leche?

No gracias solo está bien.

¿Azúcar, querida?

Un terrón, gracias.

Dana no habló como le dijo su anfitriona, pero en realidad quería bombardearla a preguntas.
Ni siquiera ella sabía porqué estaba allí. Debía de ser por un impulso de rabia por su derrota financiera.

Mrs Jones continuó hablando:
Pues como te decía mi querida amiga, aquí no solo te vas a encontrar contigo misma, que lo harás –contundente-, aquí serás instruida en el arte de ser mujer y sacar partido a todo lo que conlleva nuestro género. Te demostraremos que se gana más con la miel que con la hiel y que se mujer no es sinónimo de fracaso, sino todo lo contrario.

Dana se dispuso a hablar aprovechando que la anciana tomaba un sorbo de té, pero está al percatarse de la intención, levantó la mano que no sostenía la taza, a la vez que emitía un sonido de negativa con la boca.

Querida las preguntas después. Primero debes escucharme muy atentamente pues todo lo que voy a explicarte es el contrato que más tarde deberás firmar si aceptas el compromiso.

Bien continuemos, ¿por dónde iba? Ahhh, si, si. Dana, si después de nuestra conversación aceptas el reto de quedarte, te presentaré a la que será tu tutora, Miss Susan. Como bien sabes, esto es una institución para señoritas, pero tú no te mezclarás con ellas, pues a estas solo les enseñamos a mantener un comportamiento digno y correcto por encargo de sus padres.
Pero tu estarás en la ala oeste, y tus enseñanzas serán completamente diferentes.


Aquí aprenderás a valerte por ti misma, siendo siempre una ganadora.
No pienses que será fácil, no creas que esto serán unas vacaciones, aquí aprenderás a fuerza de sacrificio, control y sumisión lo que has venido a aprender.


¿Serás capaz de aguantar hasta el final?

La anciana tomó la taza de té y moviendo la mano circularmente, reclamaba una contestación.

Creo que sí -contestó Dana-. Creo que podré aguantar.

No querida, esta no es la contestación, necesito una afirmación contundente, de otra forma estamos perdiendo el tiempo las dos.

Antes quisiera hacer algunas preguntas.

Pues hazlas Dana, ¿a qué estás esperando?

¿Cuánto tiempo estaré aquí?

Eso depende de tu predisposición y tu respuesta a las enseñanzas que se te darán.

¿Seré una triunfadora si acepto incondicionalmente su proposición?

Sí, eso te lo aseguro.

¿Cambiará mi vida a mejor?

Depende de tu firmeza.

Dana , volvió la cabeza hacia la ventana como si en ella pudiera encontrar la fuerza de su decisión, fuerza que ella carecía.

De acuerdo, acepto, si, mi respuesta es sí.

Dana no había sacado nada en claro de aquella conversación, pero se había comprometido a ser una triunfadora y lo cumpliría.

Muy bien querida.

Mrs Jones se acercó a su escritorio y saco un documento del segundo cajón.

Acércate Dana. Debes firmar este papel, en el te comprometes hasta el final y además una vez que triunfes, deberás abonar a esta institución un donativo de 6000 libras anuales, incrementando el tanto por ciento del incremento de precios.

Dana abrió los ojos tanto que pareció le fueran a saltar de las órbitas.

¡Dios santo es una cantidad muy elevada!.

Mrs Jones rió.

Te aseguro niña que esto será una minucia.

Dana tomó el boligrafo y firmó.

Perfecto, querida. Ahora toma asiento y termina tu té - le indicó mientras se dirigia hacia la puerta-. Miss Susan vendrá en unos minutos para mostrarte tu alojamiento.

domingo, 18 de julio de 2010

Capítulo IV

El taxi paró delante de la puerta de una gran mansión de piedra del siglo XVIII.

Dana bajo del vehículo después de abonar la carrera que la había traído desde el aeropuerto de East Midlands.

Se encontraba en algún lugar remoto del condado de Nottinghamshire, sin ningún núcleo de civilización cercano.

El taxi se alejo y Dana se quedó sola, mirando la gran puerta de hierro forjado con lindos motivos que rompían la frialdad del metal y que franqueaban el acceso a un camino que parecía llevar al paraíso.

Dana se subió el cuello de su abrigo, hacía frío y finas gotas de agua caían del cielo plomizo, color típico de éste en casi todas las épocas del año.

Un ruido estridente asustó a la muchacha, era la pesada puerta al abrirse lentamente.

La muchacha tomo su maleta y entró admirando la vegetación del jardín y de los exuberantes cedros que delimitaban el castillo, cual nobles guerreros alzando sus espadas al cielo.

Ella siempre se había movido por grandes ciudades, no era muy amante de lo rural, pero aquello le parecía un sueño.

Llego al pie de la mansión, la grandiosidad de aquella construcción la dejó sin aliento.

Los muros de envejecida piedra y adornados de hiedra que se aferraba a ellos dando una sensación de aun más seguridad, las torres desafiantes a ambos lados del edificio, los ventanales, el invernadero adjunto que daba un toque de modernidad.

¿La Srta. Llorach, supongo?

Dana no se había percatado de que la gran puerta de madera se había abierto y que de ella había salido una mujer vestida totalmente de negro.

Si, si, soy yo, discúlpeme.

Si quiere hacer el favor?



Dió la vuelta caminando lentamente hacia la casa y Dana la siguió.

Ya en el interior se dio cuenta de que todos los detalles de aquella casa eran los acordes con la impresión de sobriedad que se quería dar de ella, alfombras de color beige con dibujos en rojo ingles, los muebles antiguos de madera oscura e impecablemente limpios y abrillantados, candelabros de plata pulidos que semejaban espejos, cuadros de diferentes mujeres con caras serías excepto uno, el de una mujer rolliza que esbozaba una sonrisa picaresca.

¿Quiere hacer el favor de esperar en el despacho?, el ama no tardará en recibirla.

¿Me permite recoger su abrigo y su maleta?

Dana se los entregó agradecida y entró en la sala.

Dios era impresionante.

Era una habitación oval, con grandes ventanales en un tercio de ella, en el otro montones de libros en dos pisos y cuidadosamente colocados, una escalera de madera con ruedas facilitaba el acceso a los estantes superiores, al lado de los ventanales una mesa de roble en forma de media luna, con todos los detalles habituales de un despacho de primeros de siglo XX.

En la parte izquierda dos sillones acolchados en color verde oscuro con una mesa redonda entre ellos y delante de una gran chimenea encendida.

Dana estaba absorta por tanto detalle cuando escuchó a sus espaldas una voz que conocía muy bien, la voz de Mrs. Jones.

jueves, 8 de julio de 2010

Capítulo III

Dana se levantó de la cama llena de vitalidad, estaba feliz, sus compañeros se rendirían a sus pies, había conseguido una cuenta lo suficientemente jugosa para provocar toda clase de envidias.

Se duchó y se vistió para tomar el avión de regreso a Barcelona, pero antes debía ponerse en contacto con Mr. Morrison, tal como le había indicado Mr. Smith la noche anterior.

Esperó que fueran las 9 de la mañana para hacer la llamada, no quería parecer demasiado ansiosa, así que bajo a desayunar para hacer tiempo.

A las nueve menos 10 minutos se apresuró a llegar de nuevo a la habitación y hacer la llamada.

Buenos días soy la Srta. Llorach, puede pasarme con Mr. Morrison, está esperando mi llamada.

Un momento por favor.

Pasaron algunos segundos, pero para Dana fueron una eternidad, hasta que una voz ronca se puso al teléfono.

Srta. Llorach? Preguntó.

Sí soy yo, Mr. Smith me dijo que me pusiera en contacto con usted.

Si, si, si. Ya he hablado con él a primera hora de la mañana, y me ha encargado de su parte que lo disculpara, lo ha estado pensado mejor y ha decidido que es mucho más conveniente para la empresa gestionar sus cuentas con la entidad bancaria que representaba el Sr. Martínez.

¿Cómo? . Exclamó atónita Dana. ¡Pero el cerró el trato conmigo ayer!.

Lo siento mucho Srta. Llorach, pero no está en mi mano, es algo del Director. Igualmente los tendremos en cuenta para un futuro. Lo lamento mucho. Buenos días.

Dana se quedó con el teléfono en la mano, había colgado y sus sueños se habían desvanecido, rotos en mil pedazos.
Dana llego a la entidad bancaria donde prestaba sus servicios vestida igual que siempre, pero con una gran diferencia, sus ojos reflejaban el fracaso. Nunca le habían encargado un asunto tan relevante y había fallado, era una perdedora, jamás sería igual que sus colegas, jamás llegaría a nada.
Dirigió sus pasos hacia la sala oval, que en realidad era cuadrada, pero la denominaban así porque allí se forjaba los grandes negocios y el futuro de todos.
Se sentó en uno de los cómodos sillones que rodeaban la mesa, que ésta si era oval.
Sitúo los papeles encima de la mesa sin mediar palabra con nadie y los revisó una y otra vez como si en ellos se encontrará el secreto de su fracaso. Pasado unos minutos y cuando todos estaban ubicados en sus respectivos asientos, llegó el Director y la reunión tuvo inicio.
Todos los presentes debían dar cuenta de sus actuaciones en los negocios que la entidad que les habían encomendado. Uno a uno fueron dando sus informes, todos eran buenos en mayor o menor medida, solo un fracaso y éste era el de Dana.

Dígame Srta. Llorach, ¿como fue todo con nuestro rey de la tecnología?

El Presidente había dibujado una mueca en su rostro algo cómica.

Todos se volvieron a mirarla. Dana no podía respirar un nudo en su garganta se lo impedía, el corazón se le había acelerado tanto que pensaba que estaba padeciendo un infarto, pero en realidad era pánico.

Lo siento mucho Sr. Presidente, dijo con un hilo de voz.

Disculpe señorita, hable más fuerte no la he oído.

Dana carraspeó y con voz algo más decidida dijo:

Mr. Smith cerró el negocio con nuestra entidad, después de cenar, pero al día siguiente, cuando hablé con su asesor, le habían pasado la gestión de sus empresas a otra entidad.

Dana movió la cabeza de lado a lado y apretó sus sudadas manos.

No, no lo entiendo, era mio y….

El Presidente borró la mueca de su cara, volviendo esta a un rostro duro e inexpresivo.
Cuando la reunión concluyó todos se dirigieron a la puerta de salida, pero Dana no fue capaz de levantarse de su asiento, estaba convencida de que sus piernas no la sostendría.

¿Qué ocurrió Dana?

La muchacha se sobresaltó, no se había percatado que el Director se había quedado en la sala mirándola.

Contestó abatida: No lo sé, le he dado mil vueltas y no sé en que pude fallar y cuando.

Averigua quien se ha quedado con el cliente y que hizo para conseguirlo. Dentro de una hora nos reuniremos en mi despacho y quiero esta incógnita desvelada, por tu bien y por el mío.

Dana se fue directa a su despacho, por el pasillo se oían susurros de sus compañeros, risitas, alguna voz de ánimo hipócrita…..
Cuando llegó, le dijo a su secretaria que no la molestara nadie.
Tomó el teléfono y llamo a la central de la entidad bancaria donde trabajaba quien le había robado la oportunidad de su vida.
Después de media hora hablando por teléfono en tono acalorado, Dana colgó este con un golpe brusco.
Maldito bastardo.
Se levantó y se dirigió al despacho del Director.
Después de ser anunciada , entró.

¿Ya ha desvelado la incógnita? Srta. Llorach
Sí. Su afirmación fue rotunda y seca ya no estaba asustada ahora estaba indignada.

¿Y pues?

El muy canalla, cuando me dirigía al hotel Martínez aprovechó para llevarse al Mr. Smith a un bar de copas, en esos bares que las mujeres no entran, las únicas que hay son de alquiler.

Entiendo siga, por favor.

Le hizo que bebiera hasta la saciedad le pago las señorita que le pareció bien y por ese motivo solo por ese motivo rompió el acuerdo conmigo.

El presidente dio un suspiro mientras se agarraba la barbilla i arrugaba el ceño.

Me equivoqué, usted no tiene la culpa señorita. La culpa es mía nunca debí elegirla a usted para este asunto. Martínez es un perro viejo, y sabe muy bien lo que le gusta a sus victimas.

Dana abrió la boca cual marioneta, no podía creer lo que estaba escuchando.

¿Que quiere decir?, ¿que las mujeres no podemos cerrar negocios porque no llevamos de putas a los clientes?

Bueno es una manera brusca de decirlo, pero es la realidad, usted no puede llegar a ciertos lugares…..

Dana dio una palmada en la mesa del Presidente sin dejar que este acabara de hablar.
Se había acordado lo que aquella mujer le había dicho en el aeropuerto.

¿Sabe qué?, ¿sabe qué?, moviéndose nerviosa por el lateral de la mesa.
Es injusto. Yo trabajo más que nadie en esta entidad, me dejo la vida, y ¿Qué consigo?
Que un pedazo de cabrón me deje en ridículo delante de usted, porque soy mujer.
Eso se ha terminado ¿sabe?.
Usted conoce a mi familia, me conoce a mí desde que era pequeña, le voy a pedir un gran favor.

El presidente que no había abierto la boca, por la explosión impropia con el carácter de Dana, simplemente asintió con la cabeza.

Un año, quiero que de me un año y le juro que esto cambiará, seré su mejor empleado y el que más logros alcance.

¿Seguro Dana?, alcanzó a decir el presidente.

Seguro contestó ésta con los ojos llenos de ira.

Está bien un año. Te guardaré tu plaza un año. Después ya me demostrarás lo que puedes hacer.

Dana, inspiró profundamente, y le dio las gracias, se dirigió erguida a la puerta de salida y en ella se dio la vuelta y repitió antes de cerrarla tras ella “ un maldito año”-

lunes, 5 de julio de 2010

Capítulo II

Dana vestía un traje de chaqueta de falda y americana azul, camisa blanca, zapatos negros con un tacón mínimo, el pelo recogido en un moño y discretamente maquillada.

Ella no tardaba mucho en arreglarse, aunque fuera a una reunión importante, pensaba que era una tontería querer parecer algo que no era y siempre había detestado. Tenía en mente a Albert Einstein, el tenía varios trajes todos iguales, del mismo color e igual ocurría con el resto de su indumentaria, el siempre decía que era una perdida de tiempo elegir lo que uno se va a poner “un genio como él debía estar en lo cierto”.

Antes de bajar del taxi que le había llevado a la puerta del restaurante donde tendría lugar la reunión, Dana se apresuró a pintarse los labios, era el último toque para parecer perfecta. Una vez dentro del recinto se dirigió a la mesa que el Maître le señaló, allí se encontró con cinco caballeros, con los que debería discutir sobre un negocio que la podría llevar a la gloria delante de sus superiores y colegas. Resuelta llegó a la mesa y saludó a los allí presentes en inglés, por supuesto. Dana dominaba este idioma como si fuera su lengua materna, no puedes ser alguien en el mundo empresarial sin el.

Después de las presentaciones, se sentó, un caballero de pelo cano hizo una señal al Maître y este anotó lo que todos habían elegido previamente.

¿De qué hablaban caballeros?

El hombre que estaba sentado a la izquierda de Dana rió, mientras le respondia: De nada que le interese señorita Llorach (pues es el apellido de Dana) simplemente de futbol, no creo que a usted le guste este tema.

Dana forzó una sonrisa. ¿Quién era aquel imbécil para dejarla en evidencia nada más iniciar la velada?

Poco a poco y mientras el tiempo transcurría, todos se fueron relajando.

Dana quería iniciar una conversación en torno al asunto que la había llevado allí, pero todos sabían que no podían, tenían que ser pacientes y esperar a los cafés. Esas eran las normas y bajo ningún concepto debía saltárselas.

Dios mío, por fin. Pensó Dana.

Un camarero les trajo una bandeja con los cafés y algunas botellas de diferentes licores.

Bueno después de tan agradable cena, creo que ha llegado la hora de hablar del tema que nos ha traído a todos aquí. Dijo Dana como en un suspiro después de una sesión de yoga.

Mister Smith, era el dueño de una fábrica de aparatos electrónicos de renombre y todos los presentes incluido ella babeaban por atraparlo como cliente. Mister Smith estaba expandiendo su negocio y ya había realizado los trámites oportunos para la instalación de una filiar en territorio español.

Todos los que lo rodeaban, pertenecían a diferentes entidades bancarias que se ofrecían en la gestión de sus cuentas, jugosas cuentas. Eran perros babeando por el mismo hueso. El Banco al que Dana representaba, tenía sucursales por todo el mundo y su nombre era reconocido por la comunidad inglesa. Dana pensó que era una buena baza, pero los perros que estaban a su lado, eran duros y se lo iban a poner muy difícil.

Después de discutir arduamente por dos horas y media, Mister Smith estrechó la mano de Dana.

Lo conseguí, pensó y aunque su corazón le pedía gritar al mundo su logro, se comportó como una gran profesional.

Salieron del restaurante y Dana pagó la cuenta, esa era otra de las normas del manual del buen representante.

Ya en la calle, el Mr. Smith le volvió a estrechar la mano para despedirse sin antes decirle que llamara al día siguiente por la mañana a su asesor jurídico, para concretar los detalles.

Dana estaba pletórica de alegría, tomo un taxi en dirección al hotel, una vez en él miró hacia el cielo a través de la ventanilla del vehiculo y pensó ahora sois mías.

domingo, 13 de junio de 2010

Capítulo I

Dana levantó la cabeza para mirar por cuarta vez el gran panel de la terminal del aeropuerto de Girona, España.

Dios mío, espero que mi avión pueda salir a tiempo para mi reunión en Londres, ésta sería la tercera vez que llegaría tarde por culpa de las inclemencias del tiempo. Mis jefes se van a poner como una furia, si esto me vuelve a suceder.

Amiga mía usted no tiene la culpa de los retrasos de estos malditos aparatos, debe relajarse

Dana se sobresaltó al oír esas palabras.

Lo siento mucho, disculpe, pensaba que estaba pensando. No me dí cuenta de haberlo expresado en palabras.

Jajaja, y no lo ha hecho señorita.

Dana se quedó confundida.

¿Quien era esa anciana que le había leído el pensamiento?

No, no me mire así, por mucho que piense, no nos conocemos de nada.

Lo había vuelto a hacer.

Si no nos conocemos de nada, ¿como sabe lo que pienso?

Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y sonrío.

Dana bajó la cabeza como si se volviera a sumergir en la lectura del libro que había comprado hace varios meses, que siempre la acompañaba en sus viajes pero jamás había tenido la oportunidad de leer.

Pero solo veía letras, no era capaz de concentrarse, de reojo miraba a la anciana que tenía a su lado.

La forma de vestir de aquella desconocida era cuidada y elegante, sus manos apoyadas en el regazo, unas manos viejas, llenas de sobresalientes venas que las recorrían y de numerosas manchas testigos cada una de ellas del paso del tiempo.

Su calzado, unos zapatitos de charol rosa envolvían unos delicados pies y unas medias finas recubrían sus enjutas piernas de alambre.

Lucía un traje de falda y chaqueta también rosa y una camisa con encajes en el cuello y en los puños de color blanco, un pañuelo de color marfil rodeaba con elegancia su cuello, intentado realzar sin conseguirlo el contorno de una cara consumida y extremadamente delgada, pómulos pronunciados, nariz afilada sobre unos labios superfinos y llenos de arrugas, pintados en un rosa fucsia intentaban delimitar una linea que los años había borrado.

Los ojos fue lo que más llamaron su atención. Eran de un color azul claro y estriados de gris oscuro, que hacían juego con sus cabellos recogidos en un elegante moño.

Intentó calcular la edad de aquella mujer, ¿80, 82?

Sin dejar de mirar al frente la anciana dijo, 86, esa es mi verdadera edad, entonces esta se volvió y la miró fijamente a los ojos.

Dana sintió un escalofrío que bajaba por su espalda y balbuceando intentó disculparse,

De pronto cerró el libro sonoramente y con un tono de indignación le preguntó a la mujer.

Oiga, lo siento mucho, pero no entiendo como es capaz de saber lo que estoy pensando, me tiene desorientada, confundida y en mi profesión es algo que no pudo permitirme, así que si no le importa cambiaré de asiento, tengo que concentrarme en una reunión muy importante que si este maldito tiempo no lo impide, tendrá lugar esta noche.

Dana se levantó de la silla resuelta a cambiar de asiento cuando se percató de que todos estaban ocupados, los retrasos en los vuelos había acumulado gente de varios destinos en la misma sala.

No creo que sea una buena idea, pasarse de pie el resto de la espera señorita, mejor vuelve a sentarse o perderá su asiento y con el lindo vestido que lleva no creo que quiera sentarse en el suelo.

Dana ya no pudo resistir más, se revolvió en su asiento y se quedó mirando descaradamente a aquella mujer, estaba furiosa pero no pudo recriminarle nada. Durante unos instantes un silencio las envolvió, había algo en aquella mujer que no llegaba a comprender i que la confundía.

De pronto Dana rompió ese silencio incomodo provocado por su asombro.

Hola me llamo Dana ¿Quizás usted ya sabía que me llamaba así? . Dijo con tono sarcástico.

No, no, perdone que antes le importunara con mis comentarios de vieja, pero usted es como un libro abierto para mi.

Margaret Jones este es mi nombre.

Y ambas se estrecharon las manos.

Dana dejó saldada su conversación volviendo a su posición original en aquellos malditos asientos, pero eso duró poco.

¿Puedo hacerle una pregunta?

La anciana asintió con la cabeza

¿Por qué dice que soy como un libro abierto?

Margaret rió dejando ver unos dientes cuidados y espectacularmente blancos impropios de su edad.

Dana nerviosa- ¿No será usted una de esas mujeres que se jactan de leer el futuro?

¿Una agorera?, Nooooo amiga mía, no puedo leer el futuro pero tu vida hasta ahora sí.

Eres una mujer no comprometida que pone su carrera ante todo y todos.

Bien considerada en su empresa, pero no igual que un hombre. Sus logros para que sean percibidos conllevan el triple de esfuerzo que sus compañeros varones.

¿Voy bien encaminada?
Y prosiguió.

Deseas ante todo consideración y reconocimiento, pero por mucho que luches por ello, siempre hay un hombre que se lleva la gloria.

Pero eso le ocurre a todas las mujeres en mi mundillo, replico Dana un poco a la defensiva, intentando ser magnánima con ella misma.

Margaret agachó la cabeza y movió un dedo de lado a lado en señal de negación.

Dana abrió la boca para replicar, pero aquella mujer se le adelantó.

¿Crees que podrás seguir durante mucho tiempo este ritmo sin agotar tus fuerzas? ¿Sin quedar abatida física y mentalmente?

En el amor deseas pasar desapercibida.

En el trabajo deseas sobresalir sin conseguirlo.

Irás a fiestas de acompañante de….

Siempre serás una figurante, jamás una diva.

No, dentro de 5 años a lo sumo, serás otra ejecutiva mediocre, llena de miedo a que llegue alguien con más juventud y más aspiraciones, esas mismas aspiraciones que ahora tu tienes y te sustituyan.

Algo que sabes muy bien que ocurrirá.


¿Y entonces que harás?

¿Arrepentirte de tu vida?

¿Buscar un trabajo mediocre con igual sueldo?

¿Y entonces?
Preguntó Dana con una sonrisa incrédula.

Puedes cambiar todo eso. Aseguró la anciana.

Puedes hacer que todo lo que toques se convierta en oro. Puedes tocar el cielo.

Pero eso no durará siempre así que tienes que ser previsora y labrarte un futuro a largo plazo.
¿Y como se hace eso? ¿Tiene usted una lámpara mágica o algún artilugio parecido?


Margaret soltó lo que se podría denominar como una risotada que la hizo enrojecer.

Tomo la mano de la muchacha y como quien susurra un secreto le dijo: tengo algo más poderoso, algo que toda mujer quisiera saber y muy pocas conocen y de las que la conocen no todas son capaces de utilizarlo.

¿Y que secreto es ese?

Se hizo una pausa

Dana, sin darse cuenta se había acercado a la cara de aquella mujer como para escrudiñar sus pensamientos más recónditos.

Por fin la respuesta salía de la boca de Margaret:

“Ser mujer”