miércoles, 11 de agosto de 2010

Capítulo VIII

Después de 12 horas, uno de los espejos se movió y de detrás apareció Miss Susan.

-¿Dana? -preguntó

Dana estaba dormida en posición fetal, en el centro de la habitación

- Despierte señorita su primera clase ya terminó. Ahora debe cenar.

Dana, abrió sus hinchados ojos y negó con la cabeza.

- No importa lo que usted quiera, es lo que debe hacer - dijo Miss Susan mientras le tiraba un albornoz encima -. Cúbrase, y preséntese en el comedor, tiene cinco minutos.

Antes que se dirá cuenta Miss Susan, Dana se había puesto de pie, se abalanzó sobre ella como una gata salvaje, pero Miss Susan la aplacó.

- Tranquila, esto solo es el principio, la demostración de que estás llena de complejos.

- Yo no tengo complejos, maldita zorra - gritó Dana.

- Por supuesto que sí, tu complejo más grande eres tú misma.

6 de la mañana

Dana abrió los ojos, debía levantarse, pero no tenía fuerzas.

Su motivación se había evaporado en solo un día, quería marcharse de allí, ahora su estado de ánimo había pasado a la depresión y a la vergüenza.

Tomó el nórdico y se tapó la cabeza como las tortugas hacen como defensa ante cualquier peligro.
Dos golpes en la puerta, hicieron que Dana agarrara con más fuerza las sabanas como si ellas le hicieran inmune o invisible a su maestra.

- ¿Srta. Dana?

No hubo contestación

- Dana, abra la puerta, es la hora de su segunda clase.

Pero la puerta siguió cerrada y dentro de la estancia ni un sonido.

Miss Susan tomó un manojo de llaves y buscó la que correspondía a esa habitación. Abrió la puerta, cruzó ésta y descorrió las tupidas cortinas.

-¿Le parece correcto? -Y de un tirón arrancó de las manos de Dana el nórdico que la cubría.

En la cama yacía el cuerpo de Dana, tembloroso y bañado en sudor, las lágrimas corrían por sus mejillas y sus ojos fuertemente cerrados.

-Levantase, no crea que con sus lloros de mojigata le voy a dar el día de fiesta, hay un programa que cumplir y se cumplirá cueste lo que cueste.

Dana no se movió.

Miss Susan tornó su tono de voz algo más dulce y comprensiva.

-Escúcheme bien, tiene que levantarse ahora, es preciso que no se derrumbe, la de ayer fue la prueba más difícil, pero ahora todo irá mejor, se lo prometo.

Miss Susan agarró como puedo a Dana y la metió en la ducha con ella, abrió el grifo.

Cuando Dana notó el agua tibia correr por su cuerpo, abrió los ojos y vio la cara de instructora tan mojada como la suya, ésta sonrió y se fundió en un abrazo con ella.

- ¿Se está riendo usted de mí?

Dana negó con la cabeza pero su sonrisa lo desmentía.

-¿Le parece divertida esta situación?

- Pues debe saber que por su culpa hoy me habré duchado dos veces.

Dana rió y se abrazó más fuertemente si cabía a ella.

15 minutos más tarde

-Bueno, Dana – comenzó a decir Susan con la misma seriedad que el día anterior-. Hoy hemos iniciado el día de una manera singular, espero que olvidaremos las dos el incidente matutino.
Nuestra próxima clase será más tranquila. Quiero que escriba en esta libreta, lo que ayer sintió, lo que no le gustó de su cuerpo, pero no quiero una descripción trivial, quiero que sea intensa y detallada, piense que usted tuviera el poder de cambiar algunos aspectos de su imagen, piense que usted tiene magia y con una palabra pudiera retocar aquello que no le gusta de sí misma.
Hágalo despacio y a conciencia, tiene ocho horas para completar su trabajo.

Dana arrugó la frente en señal de queja, por el periodo tan largo para lo que ella pensaba que con 5 minutos había suficiente.

Miss Susan: No, No quiero lamentaciones. Si necesita café, té o tienen hambre toque la campanita y la sirvienta le traerá lo que necesite.

Susan se levantó de la mesa y se dirigió a la puerta.

- Recuerde que sigue sin poder hablar así que si necesita algo se lo escribe en una hoja, pero de hablar nada de nada.

Y salió de la habitación.

Dana escribió meticulosamente lo que no le gustaba de ella, cerró los ojos y trató de modelarse cual escultor hace con un trozo de roca bruta.

Detalle por detalle fue esculpiendo un nuevo rostro, un nuevo cuerpo, incluso añadió un nuevo carácter.

Sonaron las ocho en el reloj de pared y justo en la última campanada la sirvienta apareció por la puerta.

- Miss Susan le ruega que la disculpe, tiene un asunto urgente que requiere su atención., le ruega se dirija a sus aposentos allí le será servida la cena y deje su libreta encima de la mesa, ella la recogerá más tarde.

Dana se levantó de la silla, tenía las piernas entumecidas, se desperezó y salió.

Cuando llegó a su habitación, la cena ya estaba servida, roast beef con puré y verduras y una copa de vino tinto. Bueno era todo un manjar en comparación a las comidas recibidas desde que llegó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario