domingo, 22 de agosto de 2010

Capítulo IX

Los días siguientes fueron más amenos, clases de peluquería, maquillaje, alta costura, comportamiento en la mesa, idiomas, costumbres de diferentes países y religiones…

Dana estaba feliz viendo a toda clase de gente de diferentes lugares mostrándole todo aquello que a ella nadie le había enseñado.

Reía con los peluqueros amanerados que discutían entre ellos para lograr el Lok perfecto para ella, (el pelo corto, el pelo largo, la melena recogida o mejor suelta, mantener el color, variarlo) a Dana le dolía el cuero cabelludo de tanto tirón y la cabeza de tanta algarabía.

Los mejores de la moda venidos desde el mismo París debían enseñarle como combinar prendas según la ocasión, tonalidades, complementos, joyas……

Había unas reglas básicas que tubo que aprender de memoria.Le enseñaron a caminar, a mirar, a comer, a sentarse, a beber, a saludar, a mantener una conversación apropiada dependiendo de quien tuviera delante.

Dana pensó después de todo aquel despliegue de profesionales que siempre había sido una palurda.

Le dieron clases de yoga y relajación incluso artes marciales.

Dana se dió cuenta de que para ser una verdadera mujer, una mujer de negocios, un crac entre los más grandes, se debía sufrir mucho y sumisamente aceptó toda aquella tortura, Pensó que antes ella se quejaba de la depilación a la cera, Dios aquello era nada comparado con lo que estaba pasando.

Después de dos meses y estando en su habitación esperando le subieran la cena, Miss Susan apareció con una bandeja con un plato de carne con verduras de acompañamiento y una pequeña jarra de vino tinto.

A Dana le extrañó su presencia pues nunca antes había hecho ella el trabajo de la sirvienta.

- Hola Dana, te traigo la cena. Mañana es un día muy importante para ti, y quería tener una pequeña conversación contigo mientras cenas. Veras, estos meses han sido realmente especiales para ti, momentos duros y otros divertidos y estoy muy contenta con los resultados. Tus profesores están convencidos de que ya estás preparada para salir al mundo,
pero todavía falta una parte que a la vez que dura será gratificante para ti.


Dana interrumpió: ¿Dura? ¿Más dura que el día de los espejos?

- Digamos que diferente.

- Creo que ahora estoy más preparada que el primer día.

- Sí lo sé pero esto no es igual.

- ¿De qué se trata?

- No te lo puedo decir, lo verás por ti misma. Pero quiero que sepas que esta vez yo estaré a tu lado siempre.

- Me está asustando Miss Susan.

- No, esto es lo último que quiero.

Miss Susan clavó los ojos en Dana, pero esta vez su mirada era dulce, como la madre que mira a su hija antes de darle el beso de buenas noches.

- Cena tranquila y aprovecha éste vino que te he traído es de lo mejorcito de la casa.

- ¿Pero?...

- No más preguntas por esta noche -interrumpió Miss Sussan antes de que Dana siguiera.

Miss Susan salió de la habitación y Dana se quedó mirando la puerta durante unos instantes como esperando que se volviera abrir y le explicara que iba a pasar mañana. Pero la puerta siguió cerrada y Dana inició su cena sin dejar de pensar que nuevas le traería el día siguiente.

-Realmente es muy bueno este vino, comentó en voz alta cuando acabó con él.

Dana se desnudó y se metió el la cama, seguía pensando en las palabras de Miss Susan, intentando averiguar que quería decir, pero no encontró indicio alguno que le diera la más minima pista.

Miró al techo como intentando despejar su mente, dejarla el blanco como la pintura del mismo.

El sueño la invadió sus parpados pesaban demasiado para mantenerlos abiertos pero aún seguía despierta.

Tras su puerta oyó la voz de Miss Susan:

- ¿Está todo preparado?

- Si Miss Susan cuando usted lo ordene, iniciaremos el traslado.

Dana escuchó aquello y quiso levantarse, pero no pudo, intentó desesperadamente abrir los ojos, pero no pudo, intentó que su garganta emitiera una palabra en señal de auxilio, pero no pudo.
Y Dana se durmió.

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