Mi querida Dana, me alegro de que ya estés aquí.
Dana se dio la vuelta rápidamente
Mi querida amiga, te estábamos esperando, pero siéntate al lado del fuego niña, tienes la cara blanca cual mármol, debes estar helada.
Dana sonrió y asintió con la cabeza, tenía miedo de abrir la boca para que no se oyeran sus dientes castañear.
Se sentaron las dos mujeres y la anciana mujer hizo sonar una campanita de plata que estaba sobre la mesa, al momento la mujer de negro apareció por la puerta.
¿Llamaba la señora?
Si Jenny, ¿puedes traernos una taza de té acompañada de pastas de hojaldre?
Si, señora.
Bueno Dana, y dime ¿qué te parece mi casa?
Impresionante, no podía imaginar algo así.
Si es mi gran tesoro, aunque este tiempo no le hace justicia, deberías verla en verano, bueno, que digo claro que la verás –sonrió-, o por lo menos es lo que espero. Querida niña supongo que tendrás muchas preguntas que hacerme, pero todo a su tiempo, un paso después del otro. La verdad es que no me extrañó que me llamaras. Cuando te vi por primera vez en el aeropuerto, supe que necesitabas mi ayuda. Y no me equivocaba.
La puerta de la estancia se abrió.
Gracias Jenny puedes dejar la bandeja, yo misma lo serviré. Dana ¿lo tomarás con leche?
No gracias solo está bien.
¿Azúcar, querida?
Un terrón, gracias.
Dana no habló como le dijo su anfitriona, pero en realidad quería bombardearla a preguntas.
Ni siquiera ella sabía porqué estaba allí. Debía de ser por un impulso de rabia por su derrota financiera.
Mrs Jones continuó hablando:
Pues como te decía mi querida amiga, aquí no solo te vas a encontrar contigo misma, que lo harás –contundente-, aquí serás instruida en el arte de ser mujer y sacar partido a todo lo que conlleva nuestro género. Te demostraremos que se gana más con la miel que con la hiel y que se mujer no es sinónimo de fracaso, sino todo lo contrario.
Dana se dispuso a hablar aprovechando que la anciana tomaba un sorbo de té, pero está al percatarse de la intención, levantó la mano que no sostenía la taza, a la vez que emitía un sonido de negativa con la boca.
Querida las preguntas después. Primero debes escucharme muy atentamente pues todo lo que voy a explicarte es el contrato que más tarde deberás firmar si aceptas el compromiso.
Bien continuemos, ¿por dónde iba? Ahhh, si, si. Dana, si después de nuestra conversación aceptas el reto de quedarte, te presentaré a la que será tu tutora, Miss Susan. Como bien sabes, esto es una institución para señoritas, pero tú no te mezclarás con ellas, pues a estas solo les enseñamos a mantener un comportamiento digno y correcto por encargo de sus padres.
Pero tu estarás en la ala oeste, y tus enseñanzas serán completamente diferentes.
Aquí aprenderás a valerte por ti misma, siendo siempre una ganadora.
No pienses que será fácil, no creas que esto serán unas vacaciones, aquí aprenderás a fuerza de sacrificio, control y sumisión lo que has venido a aprender.
¿Serás capaz de aguantar hasta el final?
La anciana tomó la taza de té y moviendo la mano circularmente, reclamaba una contestación.
Creo que sí -contestó Dana-. Creo que podré aguantar.
No querida, esta no es la contestación, necesito una afirmación contundente, de otra forma estamos perdiendo el tiempo las dos.
Antes quisiera hacer algunas preguntas.
Pues hazlas Dana, ¿a qué estás esperando?
¿Cuánto tiempo estaré aquí?
Eso depende de tu predisposición y tu respuesta a las enseñanzas que se te darán.
¿Seré una triunfadora si acepto incondicionalmente su proposición?
Sí, eso te lo aseguro.
¿Cambiará mi vida a mejor?
Depende de tu firmeza.
Dana , volvió la cabeza hacia la ventana como si en ella pudiera encontrar la fuerza de su decisión, fuerza que ella carecía.
De acuerdo, acepto, si, mi respuesta es sí.
Dana no había sacado nada en claro de aquella conversación, pero se había comprometido a ser una triunfadora y lo cumpliría.
Muy bien querida.
Mrs Jones se acercó a su escritorio y saco un documento del segundo cajón.
Acércate Dana. Debes firmar este papel, en el te comprometes hasta el final y además una vez que triunfes, deberás abonar a esta institución un donativo de 6000 libras anuales, incrementando el tanto por ciento del incremento de precios.
Dana abrió los ojos tanto que pareció le fueran a saltar de las órbitas.
¡Dios santo es una cantidad muy elevada!.
Mrs Jones rió.
Te aseguro niña que esto será una minucia.
Dana tomó el boligrafo y firmó.
Perfecto, querida. Ahora toma asiento y termina tu té - le indicó mientras se dirigia hacia la puerta-. Miss Susan vendrá en unos minutos para mostrarte tu alojamiento.
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