¿Supongo que usted es Dana?
Dana se levantó de golpe de la silla.
¿Y supongo que tu eres Susan?, preguntó ésta desenfadadamente
Sí, soy Miss Susan y no tengo por costumbre que me tuteen.
Dana enrojeció
Lo siento mucho yo pensé…..
No piense por favor, ya habrá tiempo para ello, pero hoy no. Le ruego que me acompañe, le mostraré su habitación.
Por supuesto, afirmó Dana
Miss Susan tenía el aspecto de haber sido una mujer extremadamente atractiva, aparentaba tener cuarenta y pocos, pero Dana estaba segura de que ese número lo superaba con creces. Sus cabellos dorados, descansaban justo en el hombro, sus facciones finas, sus ojos celestes pintados con gran destreza y su figura fina con movimientos cuidados, hacían que fuera la mujer que llamaría la atención en cualquier lugar.
Ambas caminaron unos minutos por varios pasillos, cruzaron varias estancias y al final de una escalera estrecha llegaron al segundo piso. Una pequeña puerta de madera fue abierta por Miss Susan, con las llaves que colgaban de su cintura prendidas con una cadena de oro cual singular abalorio.
Esta puerta que cierro tras de usted, jamás será cruzada sin permiso. Esta es la primera regla que debe comprender y cumplir. ¿Entiende usted?
Por supuesto Miss Susan.
Muy bien ahora le mostraré cuales son mis dominios y en los cuales la haré una verdadera mujer.
Miss Susan fue mostrando a Dana cada habitación,
El comedor, los servicios, varias salas de enseñanza, puertas que no abrió pues no era el momento apropiado y por fin su habitación.
Una habitación amplia, con todas las comodidades pero sin ningún tipo de tecnología.
No había teléfono, ni computadora ni siquiera una pequeña televisión o equipo de música.
Esto se lo hizo notar a su instructora la cual respondió: El dormitorio es para dormir, nada más y le rogaría me entregara su teléfono móvil, no se permiten en este curso.
Dana se lo entregó y pensó que Susan era tan estupida como guapa, pero no replicó.
Es tarde le subirán la cena a la estancia, debe dormir para mañana estar despejada, será su primer día y la necesito descansada y atenta. Buenas noches Dana.
Buenas noches Miss Susan.
Dana escuchó como tras cerrar la puerta los pasos de Miss Susan se hacían cada vez más lejanos hasta que enmudecieron.
Lo primero que hizo nuestra protagonista fue asomarse por el ventanal de su habitación.
La lluvia fina continuaba cayendo lenta y paulatinamente, pero eso no impidió que la abriera para contemplar todo el esplendor de aquel paraje.
Se asomó todo lo que pudo por ella y comprobó que su habitación estaba ubicada en uno de los torreones, en el del norte, pero de tal manera dispuesto que solo podía ver una parte recóndita del jardín poblada de espesa vegetación y con grandes cedros que ocultaban lo que ocurría bajo ellos.
No importaba, ella se había comprometido con demasiada gente a cumplir en un año lo que no había logrado en el resto de su vida.
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