domingo, 29 de agosto de 2010

Capítulo X

- Dana, Dana despierta tengo una sorpresa para ti.

Hasta ahora no he descrito como es Dana y creo que es justo que tengáis una pequeña idea de cómo es físicamente nuestra protagonista.:

Dana es menuda, con una altura de 175 cm, morena de pelo y piel blanca y aterciopelada. Sus ojos son de un azul violáceo adornado por negras y espesas pestañas, pechos pequeños, nariz algo aguileña, labios carnosos que esconden una dentadura poco atractiva, dientes con apiñamiento y color parduzco producto de la tetraciclina que le administraron en su infancia.

Dana es la típica mujer que pasa desapercibida, pues salvo sus ojos no hay nada más que destacar de su figura.

Así es nuestra protagonista.

Dana se despertó como si hubiera dormido por un mes y así era, había estado en un coma inducido durante 45 días.

Miss Susan: Querida ¿Como te encuentras?

- Cansada, muy cansada y tengo la boca seca.

- No te preocupes eso pronto se pasará, ahora estás un poco floja, pero dentro de unos días estarás en plena forma.

- ¿Dónde estoy? ¿Que ha pasado
?- Preguntó Dana.

- Recuerdas el día en que describiste como te gustaría ser en realidad.

Dana asintió con la cabeza, pues su garganta estaba tan seca que no podía apenas hablar y cuando lo hacía era como si tuviera agujas en ella.

- Perfecto, pues se ha hecho realidad.

Dana miró a Miss Susan arrugando el entrecejo en señal de incredulidad.

- Hoy es un gran día, hoy se ha cumplido tu sueño y dentro de unos días volverás a la sala de los espejos.

Dana negó con la cabeza.

Miss Susan rió y poniendole la mano en la frente le susurro al oído: te prometo que lo estarás deseando.

Dana volvió a negar violentamente con la cabeza

- Tranquila amiga, solo estarás el tiempo que tu desees, la puerta estará abierta.

Una lágrima corrió por la mejilla de Dana.

Miss Susan secó su rostro con un fino pañuelo de seda.

- Confía en mí, te prometo que esta vez será algo bueno.

Al día siguiente Dana fue llevada a la sala de rehabilitación pues había perdido masa muscular después de estar tantos días postrada en una cama. Llevaba un amplío camisón y su cuerpo desde debajo de las axilas estaba envuelto con fuertes vendas elásticas.

Durante 15 días le sometieron a controles y a una fuerte rehabilitación.

Dana se notaba extraña, al pasar la lengua por sus dientes notaba que ahora eran diferentes, pero no podía tocárselos pues sus manos estaban vendadas y no disponía de un espejo en todo aquel recinto.

El día 16 fue trasladada a la mansión en ambulancia y una serie de hombres trajeados la acompañaron.

Dana había preguntado una y un millón de veces que había pasado pero nadie le contestaba, solo una frase: "Todo a su tiempo señorita Llorach".

Una vez en la mansión la entraron en la sala de los espejos, no sin antes taparle los ojos con un apretado antifaz.

Dana sintió el frío de los espejos en sus pies y se estremeció no de frío sino de miedo. Estaba aterrada, odiaba aquella sala. Notó como le quitaban el camisón y como sacaban de su cuerpo aquel vendaje que durantes días le había oprimido su delgado cuerpo. Le quitaron las vendas de las manos, y notó como recogían su pelo en un moño. Alguno de los hombres que la habían acompañado hasta allí le susurró al oído: Cuenta hasta diez despacio y después sácate el antifaz.
Dana así lo hizo.

8, 9 y diez.

Dana vio una figura borrosa, sus ojos estaban deslumbrados por tanta luz, pero poco a poco se fue haciendo más nítida la imagen.

- ¡¡Dios mío!!

Dana solo alcanzó a decir estas palabras.

Delante de ella había una mujer sorprendentemente bella, sus formas eran perfectas, sus pechos dos tallas más grandes y firmes, sus nalgas, su nariz aguileña había desaparecido sus dientes blancos y totalmente alineados.

Dana extendió las palmas de sus manos para acercarse y poder tocar a esa mujer, cuando llego a ella vio que era su propio reflejo.

Después de 5 horas Dana salió de la habitación que en un principio había sido la de los horrores y que ahora se había tornado la de los sueños cumplidos.

-¿Qué ha pasado, donde estoy yo y quien es esa mujer?

Miss Susan: Es tu sueño, ¿recuerdas?, así te describiste y así eres ahora.

Miss Susan explicó a su pupila que durante 45 días había estado en una clínica de cirugía plástica y que los mejores y renombrados cirujanos habían rehecho su cuerpo tal como ella quería.

-¿Te gustas ahora? - Preguntó Miss Susan con un reflejo de luz en la cara.

-Dios santo, si. No tengo palabras, ahora me veo una mujer bonita, perfecta, sexy segura de mi misma.

- Antes también lo eras, pero no lo sabías. Tú habías idealizado un tipo de mujer bella y ahora esa mujer eres tú. Pero no hemos terminado, ahora tenemos que seguir fortaleciendo esos músculos. Además nuestro grupo de estilistas deben terminar el trabajo que han iniciado los doctores. Antes te enseñaron a arreglarte, pero no tocaron de ti ni un pelo, ni una uña. Ahora ellos terminarán el trabajo.

-¿Más animada? - Preguntó Miss Susan.

- - Contestó Dana con una amplia y maravillosa sonrisa- ¿Cuándo empezamos?

-Mañana querida, mañana.

domingo, 22 de agosto de 2010

Capítulo IX

Los días siguientes fueron más amenos, clases de peluquería, maquillaje, alta costura, comportamiento en la mesa, idiomas, costumbres de diferentes países y religiones…

Dana estaba feliz viendo a toda clase de gente de diferentes lugares mostrándole todo aquello que a ella nadie le había enseñado.

Reía con los peluqueros amanerados que discutían entre ellos para lograr el Lok perfecto para ella, (el pelo corto, el pelo largo, la melena recogida o mejor suelta, mantener el color, variarlo) a Dana le dolía el cuero cabelludo de tanto tirón y la cabeza de tanta algarabía.

Los mejores de la moda venidos desde el mismo París debían enseñarle como combinar prendas según la ocasión, tonalidades, complementos, joyas……

Había unas reglas básicas que tubo que aprender de memoria.Le enseñaron a caminar, a mirar, a comer, a sentarse, a beber, a saludar, a mantener una conversación apropiada dependiendo de quien tuviera delante.

Dana pensó después de todo aquel despliegue de profesionales que siempre había sido una palurda.

Le dieron clases de yoga y relajación incluso artes marciales.

Dana se dió cuenta de que para ser una verdadera mujer, una mujer de negocios, un crac entre los más grandes, se debía sufrir mucho y sumisamente aceptó toda aquella tortura, Pensó que antes ella se quejaba de la depilación a la cera, Dios aquello era nada comparado con lo que estaba pasando.

Después de dos meses y estando en su habitación esperando le subieran la cena, Miss Susan apareció con una bandeja con un plato de carne con verduras de acompañamiento y una pequeña jarra de vino tinto.

A Dana le extrañó su presencia pues nunca antes había hecho ella el trabajo de la sirvienta.

- Hola Dana, te traigo la cena. Mañana es un día muy importante para ti, y quería tener una pequeña conversación contigo mientras cenas. Veras, estos meses han sido realmente especiales para ti, momentos duros y otros divertidos y estoy muy contenta con los resultados. Tus profesores están convencidos de que ya estás preparada para salir al mundo,
pero todavía falta una parte que a la vez que dura será gratificante para ti.


Dana interrumpió: ¿Dura? ¿Más dura que el día de los espejos?

- Digamos que diferente.

- Creo que ahora estoy más preparada que el primer día.

- Sí lo sé pero esto no es igual.

- ¿De qué se trata?

- No te lo puedo decir, lo verás por ti misma. Pero quiero que sepas que esta vez yo estaré a tu lado siempre.

- Me está asustando Miss Susan.

- No, esto es lo último que quiero.

Miss Susan clavó los ojos en Dana, pero esta vez su mirada era dulce, como la madre que mira a su hija antes de darle el beso de buenas noches.

- Cena tranquila y aprovecha éste vino que te he traído es de lo mejorcito de la casa.

- ¿Pero?...

- No más preguntas por esta noche -interrumpió Miss Sussan antes de que Dana siguiera.

Miss Susan salió de la habitación y Dana se quedó mirando la puerta durante unos instantes como esperando que se volviera abrir y le explicara que iba a pasar mañana. Pero la puerta siguió cerrada y Dana inició su cena sin dejar de pensar que nuevas le traería el día siguiente.

-Realmente es muy bueno este vino, comentó en voz alta cuando acabó con él.

Dana se desnudó y se metió el la cama, seguía pensando en las palabras de Miss Susan, intentando averiguar que quería decir, pero no encontró indicio alguno que le diera la más minima pista.

Miró al techo como intentando despejar su mente, dejarla el blanco como la pintura del mismo.

El sueño la invadió sus parpados pesaban demasiado para mantenerlos abiertos pero aún seguía despierta.

Tras su puerta oyó la voz de Miss Susan:

- ¿Está todo preparado?

- Si Miss Susan cuando usted lo ordene, iniciaremos el traslado.

Dana escuchó aquello y quiso levantarse, pero no pudo, intentó desesperadamente abrir los ojos, pero no pudo, intentó que su garganta emitiera una palabra en señal de auxilio, pero no pudo.
Y Dana se durmió.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Capítulo VIII

Después de 12 horas, uno de los espejos se movió y de detrás apareció Miss Susan.

-¿Dana? -preguntó

Dana estaba dormida en posición fetal, en el centro de la habitación

- Despierte señorita su primera clase ya terminó. Ahora debe cenar.

Dana, abrió sus hinchados ojos y negó con la cabeza.

- No importa lo que usted quiera, es lo que debe hacer - dijo Miss Susan mientras le tiraba un albornoz encima -. Cúbrase, y preséntese en el comedor, tiene cinco minutos.

Antes que se dirá cuenta Miss Susan, Dana se había puesto de pie, se abalanzó sobre ella como una gata salvaje, pero Miss Susan la aplacó.

- Tranquila, esto solo es el principio, la demostración de que estás llena de complejos.

- Yo no tengo complejos, maldita zorra - gritó Dana.

- Por supuesto que sí, tu complejo más grande eres tú misma.

6 de la mañana

Dana abrió los ojos, debía levantarse, pero no tenía fuerzas.

Su motivación se había evaporado en solo un día, quería marcharse de allí, ahora su estado de ánimo había pasado a la depresión y a la vergüenza.

Tomó el nórdico y se tapó la cabeza como las tortugas hacen como defensa ante cualquier peligro.
Dos golpes en la puerta, hicieron que Dana agarrara con más fuerza las sabanas como si ellas le hicieran inmune o invisible a su maestra.

- ¿Srta. Dana?

No hubo contestación

- Dana, abra la puerta, es la hora de su segunda clase.

Pero la puerta siguió cerrada y dentro de la estancia ni un sonido.

Miss Susan tomó un manojo de llaves y buscó la que correspondía a esa habitación. Abrió la puerta, cruzó ésta y descorrió las tupidas cortinas.

-¿Le parece correcto? -Y de un tirón arrancó de las manos de Dana el nórdico que la cubría.

En la cama yacía el cuerpo de Dana, tembloroso y bañado en sudor, las lágrimas corrían por sus mejillas y sus ojos fuertemente cerrados.

-Levantase, no crea que con sus lloros de mojigata le voy a dar el día de fiesta, hay un programa que cumplir y se cumplirá cueste lo que cueste.

Dana no se movió.

Miss Susan tornó su tono de voz algo más dulce y comprensiva.

-Escúcheme bien, tiene que levantarse ahora, es preciso que no se derrumbe, la de ayer fue la prueba más difícil, pero ahora todo irá mejor, se lo prometo.

Miss Susan agarró como puedo a Dana y la metió en la ducha con ella, abrió el grifo.

Cuando Dana notó el agua tibia correr por su cuerpo, abrió los ojos y vio la cara de instructora tan mojada como la suya, ésta sonrió y se fundió en un abrazo con ella.

- ¿Se está riendo usted de mí?

Dana negó con la cabeza pero su sonrisa lo desmentía.

-¿Le parece divertida esta situación?

- Pues debe saber que por su culpa hoy me habré duchado dos veces.

Dana rió y se abrazó más fuertemente si cabía a ella.

15 minutos más tarde

-Bueno, Dana – comenzó a decir Susan con la misma seriedad que el día anterior-. Hoy hemos iniciado el día de una manera singular, espero que olvidaremos las dos el incidente matutino.
Nuestra próxima clase será más tranquila. Quiero que escriba en esta libreta, lo que ayer sintió, lo que no le gustó de su cuerpo, pero no quiero una descripción trivial, quiero que sea intensa y detallada, piense que usted tuviera el poder de cambiar algunos aspectos de su imagen, piense que usted tiene magia y con una palabra pudiera retocar aquello que no le gusta de sí misma.
Hágalo despacio y a conciencia, tiene ocho horas para completar su trabajo.

Dana arrugó la frente en señal de queja, por el periodo tan largo para lo que ella pensaba que con 5 minutos había suficiente.

Miss Susan: No, No quiero lamentaciones. Si necesita café, té o tienen hambre toque la campanita y la sirvienta le traerá lo que necesite.

Susan se levantó de la mesa y se dirigió a la puerta.

- Recuerde que sigue sin poder hablar así que si necesita algo se lo escribe en una hoja, pero de hablar nada de nada.

Y salió de la habitación.

Dana escribió meticulosamente lo que no le gustaba de ella, cerró los ojos y trató de modelarse cual escultor hace con un trozo de roca bruta.

Detalle por detalle fue esculpiendo un nuevo rostro, un nuevo cuerpo, incluso añadió un nuevo carácter.

Sonaron las ocho en el reloj de pared y justo en la última campanada la sirvienta apareció por la puerta.

- Miss Susan le ruega que la disculpe, tiene un asunto urgente que requiere su atención., le ruega se dirija a sus aposentos allí le será servida la cena y deje su libreta encima de la mesa, ella la recogerá más tarde.

Dana se levantó de la silla, tenía las piernas entumecidas, se desperezó y salió.

Cuando llegó a su habitación, la cena ya estaba servida, roast beef con puré y verduras y una copa de vino tinto. Bueno era todo un manjar en comparación a las comidas recibidas desde que llegó.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Capítulo VII

La mañana prometía, el cielo estaba raso, de un azul intenso, la flora se había puesto sus mejores galas, todo era tan bello…… como en una postal.

Dos golpes secos en la puerta, hicieron que Dana saliera de su trance y volviera a la realidad, se giró nerviosa

-¿Ya está lista?

-Sí, Miss Susan

-Le ruego que en 5 minutos esté en el comedor, gracias.

Antes de que pudiera contestar, escuchó como ésta se alejaba de la puerta con paso firme.

- Dios mío, parece que haya vuelto al instituto - protestó Dana en voz alta.

Se miró al espejo por última vez para comprobar su estado y tomando una gran bocanada de aire, salió resolutiva de la habitación.

Mientras bajaba por las estrechas escaleras, agudizó el oído, intentando escuchar algún murmullo que le mostrara que aquel viejo torreón albergaba a más gente, pero fue inútil, el silencio reinaba y solo sus pasos hacían eco entre aquellas paredes.

Dana pensó: Deben de estar todas en el comedor, como siempre llego tarde.

Al llegar a la primera planta la Miss Susan la esperaba delante de una gran puerta, Dana sabía que era el comedor, no solo porque lo indicaba una pequeño letrero encima de ésta, sino porque ya le había sido mostrado el día anterior.

Dana entró entusiasmada, pero duró una décima de segundo: la estancia estaba vacía.

Dana extrañada le preguntó a Miss Susan:

Pero… ¿Dónde están las demás, mis compañeras?

Miss Susan esbozó algo parecido a una sonrisa.

-Solo estamos usted y yo. No hay más alumnas en este curso.

Dana abrió los ojos desmesuradamente y con voz sarcástica, comentó: Esto va a ser de lo más aburrido, se acabaron la guerra de almohadas, y las noches de pijama.

Miss Susan volvió a endurecer sus facciones.

-No lo creo , no creo que tenga tiempo para aburrirse, como mucho para desesperarse, pero uno de mis trabajos será controlar todos sus sentimientos y este es uno de ellos, el primero, y le aseguro que será el más fácil de llevar.

Siéntese por favor, le será dispuesto el desayuno en unos minutos.

Dana obedeció.

Miss Susan se sentó a su lado e hizo sonar una campanita. Ésta no era plateada ni dorada, era simplemente de cerámica vieja y roída por el tiempo.

Al momento apareció una mujer mayor, descuidadamente vestida y peinada que les sirvió el alimento.

Miss Susan: Termínese todo lo que le han dispensado en el plato, hasta la noche no volverá a probar absolutamente nada más.

Tiene que acostumbrarse a que la comida no es importante y que muchas de ellas a lo largo de su vida las tendrá que eliminar o posponer por muchas horas.

Esto es un suplicio - replicó Dana.

Miss Susan: Nadie le ha dicho que el camino que ha tomado sea fácil.

Y ahora que ya ha terminado iniciaremos su instrucción.

Dana: Esto parece el servicio militar -. susurró para no ser oída.

Peor - contestó Miss Susan mientras que se dirigía a la puerta del comedor -Le advierto que yo sé todo, escucho todo, incluso sé lo que piensa y lo que siente, yo pasé por lo mismo que usted debe pasar ahora.

Dana siguió cual perrito faldero a Susan por unas escaleras que las llevarían al piso inferior, el subterráneo.

A medida que bajaban las escaleras, el olor a humedad y la frialdad del ambiente aumentaba considerablemente haciéndose cada vez más pesado.

A Dana le dio la sensación de que en aquel piso estaban ubicadas en tiempos pasados las mazmorras o algo semejante.

Dana se planteó el dejar todo ahora que estaba a tiempo, pues en uno de los párrafos que ella había firmado, dejaba bien claro que durante las primeras 24 horas y antes de ser iniciado su adiestramiento podía rescindir el contrato, una vez iniciada la primera clase ya no había marcha atrás.

Miss Susan: Desnúdate Dana.

¿Cómo dice? - Contesto atónita ésta.

Miss Susan: Mira niña, segunda lección, nunca repliques mis ordenes y tercera, desde éste preciso momento no volverás a hablar con nadie hasta nueva orden.

Dana no se atrevió a replicar de nuevo, al ver la cara de enojo de su profesora.

Sus ojos no mostraban señal de compadecimiento, en realidad estos eran inertes, fríos y desafiantes.

Dana Se quitó toda la ropa, pero la mantuvo doblada y pegada a su cuerpo intentando tapar todo aquello que debía ser ocultado, miró a Miss Susan con los ojos llorosos, se sentía ultrajada.

Miss Susan: Voy a hacerte una pregunta, quiero que me contestes negando o afirmando con la cabeza, no quiero que tu garganta emita ningún sonido.

¿Alguna vez te has mirado desnuda en el espejo?

Dana asintió.

Miss Susan: Bien, ¿Te has mirado desde todos los ángulos?.

Dana la miró pero esta vez ni negó ni afirmó, en realidad no sabía que contestar.

Lo imaginaba, no te gustas. Tu cuerpo - empezó diciendo-, te conformas con él porque no tienes elección, es el que te ha tocado y te autoconvences de que solo es un envase, algo sin importancia.

Pues de eso se trata. Amarás tu cuerpo y harás de él tu santuario. Será perfecto, admirado, deseado para los que lo vean y para aquellos que esté vetado y simplemente lo imaginen, todos quedarán prendados de tu hermosura, luego en clases posteriores desarrollaremos tu potencial, tus movimientos, tu cuerpo será el alfabeto de tu persona.

Y, ahora, entra en la habitación.

Miss Susan, literalmente le arrancó la ropa que Dana asía fuertemente pegada a su cuerpo.

Dana entró.

La sala estaba oscura, el suelo frío, de pronto todo se iluminó, ésta quedó cegada por la claridad, cuando sus ojos se acostumbraron comprobó que toda la sala eran espejos, las paredes, el techo y el suelo.

Una mampara de espejo ocultaba un pequeño lavabo y en medio de la sala una botella de plástico de agua.

Horrorizada se dio la vuelta violentamente buscando la puerta, pero no la encontró, ningún indicio todo eran paneles idénticos.

Gritó con todas sus fuerzas, implorando la sacaran de allí, pero fue inútil, sus lamentos eran ahogados por el mismo habitáculo.

Ella continuó gritando y aporreando con sus manos cada panel, cada rincón hasta que sus manos doloridas no tuvieron fuerzas y su voz simplemente se apagó.